Marcia se encontraba en medio de una disyuntiva, azul cobalto o azul
turquesa. Ambos pertenecían a dos pares de ojos. Y sus poseedores eran tiernos,
amorosos, responsables, pulcros, y además en buena posición económica. ¿Cómo
elegir? No pudo hacerlo, comenzó a salir con los dos. Al principio estaba muy
bien organizada, pero cuando le propusieron formalizar, casi al mismo tiempo,
la situación de complicó. ¿Qué hacer? La solución llegó de un momento a otro. Azul
turquesa viajaba para radicarse en Europa y la invitaba a acompañarlo.
Nuevamente no tuvo que elegir, podría viajar ininterrumpidamente con la excusa
de su propio trabajo y no perdería a ninguno. Rapsodia en azul.
Eso no puede acabar bien. Un beso
ResponderEliminarHola Maria Cristina, ufff que mal rollo, la avaricia rompe el saco y la mentira tiene las patitas muy cortas, asique el dia menos pensado seguro que la descubren.
ResponderEliminarSigo sin saber nada de Mª Angeles y me da muy mala espina, le deje varios mensajes tanto a ella como al hijo y no han dicho nada, ya no la llamo mas, espero que este bien pero ya no llamo mas.
Besos.
Una historia deliciosa, María Cristina. Ese juego de azules, casi musical, convierte la indecisión de Marcia en una pequeña rapsodia vital. Me ha encantado cómo llevas la trama con ligereza y picardía, dejando al lector con una sonrisa y un guiño.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.