He oído hablar muchas veces de diferentes tipos de
fobias. Nunca de la que me atacó en estos últimos tiempos. La denominé VECINOFOBIA,
y es justamente lo que se trata en este descargo mío de hoy. Cuando vine a
vivir a mi edificio, hace más de cincuenta años, todos nos conocíamos, nos saludábamos
amablemente, charlábamos al cruzarnos, en las reuniones de consorcio no daba abasto
el lugar, nos apiñábamos para participar. La educación, sobre todo, era
esencial. Nadie hacía nada en perjuicio de sus vecinos, si se realizaba algún
agasajo, los horarios se respetaban. Tiempo pasado. En la actualidad es raro
encontrar caras conocidas, cuando entramos y salimos nos miramos extrañados y
vemos si la llave es la correcta para darle paso. Cada cual atiende su juego,
el respeto se perdió, si hay algún pedido especial no es atendido. Más de una
vez tuve que salir a buscar un ascensor cantarín, el sonido es fuerte pero
nadie se molesta en ir a cerrarlo. Así que me subo a uno y voy buscando al
otro, no siempre suena en el lugar en que quedó mal cerrado. Bueno, para qué
voy a abundar en más detalles, no es cuestión de aburrirlos. Solo me dedicaré a
registrar el nombre de esta nueva fobia. Si alguien conoce a alguna persona que
la padece, estimaría me ponga en contacto, siempre es bueno tener el consuelo
de una misma dolencia.
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