Estábamos con mi amiga Irene departiendo alegremente
mientras degustábamos un rico café con leche y medialunas, cuando dos impertinentes
mosquitas comenzaron a rondarnos, las manos hacían de interminables abanicos,
pero ellas volvían una y otra vez. Mi amiga me dice, voy a ir al toilette, se
va y veo que las mosquitas están dentro de una de las tazas vacías, pero con
la espuma alrededor. Muy lentamente coloco el plato de la otra taza por encima
y ahí lo dejo. Al rato le digo a Irene, cometí asesinato a conciencia. Ella me
mira espantada, levanto el platito y ahí están muy quietecitas ya las dos
mosquitas.
Me has recordado una comida de verano en una terraza en la que llegó un momento en que hablábamos más de las moscas que de la comida. Hay bichos tan pequeños que tienen un talento especial para sacar de quicio a cualquiera. Un abrazo.
ResponderEliminarSi, las moscas son muy entrometidas, quieren ser protagonistas en comidas y conversaciones, asi que el "asesinato a conciencia"fue lo mejor, que pudiste hacer para mandarlas al limbo, M.Cristina...Sentido del humor e ironía en tu post.
ResponderEliminarMi abrazo entrañable y agradecido por tu fidelidad y cercanía.