De camino a la zona comercial para las compras mensuales de rutina, lo
veo siempre en la misma esquina.
Una mañana salí más temprano que de costumbre, él estaba de espaldas y
de pie acomodando sus cosas. Giró justo para verme, no dijo una palabra.
De vuelta lo encontré ya instalado, una ayudita por favor, dijo
automáticamente, casi sin mirarlo le contesté, ya nos conocemos, él, sorprendido,
se acomodó en la silla de ruedas masticando su fracaso y preparándose para la
próxima víctima.