En estos días estamos lamentando la
muerte de chicos jóvenes en una discoteca de música electrónica. En todos los
medios periodísticos se trata el tema de
distintas maneras y buscando responsables. A veces hay alguien sensato que
empieza por lo primero. ¿Qué le pasa a la gente que no encuentra felicidad más
que en el consumo de sustancias? En este mundo loco parece no haber cabida para
la vida espiritual que tanto colma las necesidades humanas. Ahí es donde entran a tallar los que se
aprovechan de las debilidades y lucran con la salud sin importarles el daño que
causen, solo llenar sus arcas y ampliar el negocio lo más posible. Una gran
falla está en las familias, el correr cada uno por sus intereses particulares, dejando
a la deriva a los hijos, a veces rompiendo el hogar y formando uno nuevo. Y la
rueda gira. Escuché a la mamá de una de las víctimas diciendo que su hijo no se
drogaba. Bueno, parece que sí lo hizo porque por ese motivo ya no lo tiene más.
Abramos los ojos, estemos cerca, demos ejemplo, acerquémosles motivos para
vivir bien, con sueños, con esperanzas en sus propios logros y esfuerzos.