En mis sueños los que se fueron son jóvenes otra vez e interactúan entre
sí y conmigo, los que ahora son adultos vuelven a ser niños o adolescentes. Si
tuviera que interpretarlos diría que prefiero vivir en el pasado, pero no es
así, mi presente es llevadero, agradable, tranquilo y feliz. Hay despertares en
los que siento presencias que aún están conmigo, miro alrededor, toco el
costado de la cama donde dormía mi marido. Es raro pero no me asusta, lo tomo
natural, uno no sabe nada del más allá. Todavía no soñé con mi hermano, hace
diez días se fue y ya no era el mismo, así que espero verlo bien otra vez. Creo
que mis sueños me acompañan y compensan las ausencias, ya no queda nadie de mi
familia primordial. Entonces los encuentro muchas noches y recupero momentos
vividos, casi siempre son situaciones que se repiten como fueron en la
realidad. ¡Otra vida!
Yo también he tenido sueños muy reales con los que faltan. Un beso
ResponderEliminarMaría Cristina, qué hondura tiene lo que contás. Los sueños a veces nos devuelven lo que la vida nos quitó, pero sin dolor, como si la memoria encontrara un modo propio de seguir acompañándonos. Esa otra vida nocturna en la que los que se fueron vuelven jóvenes, o los adultos regresan a su edad primera, tiene algo de consuelo silencioso, de continuidad afectiva que no se rompe con la ausencia.
ResponderEliminarMe conmovió especialmente lo que decís de tu hermano. Ojalá cuando aparezca en tus sueños llegue también renovado, como vos esperás, porque ahí la mirada vuelve a ser limpia y el tiempo deja de pesar.
Hay una serenidad muy tuya en aceptar esas presencias sin miedo, como parte natural de la vida. Quizá porque, como decís, nadie sabe nada del más allá, pero sí sabemos lo que permanece en nosotros.
Un abrazo grande, y gracias por compartir esta otra vida que también nos toca.