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sábado, 9 de abril de 2016

LA OTRA CARA

            Mi anterior post trató sobre la felicidad de dar. Bueno,  charlando con mi amiga Irene hace unos días atrás, hice un descubrimiento no muy agradable sobre mí, que resultó ser la otra cara de mis buenas intenciones. Resulta que la conversación versaba sobre salir a comer con amigas y compartir. Ella me contaba que le disgustaba la manera en que una de ellas se comportaba. Pedía un plato en exceso suculento para ella sola y luego dejaba la mitad. Ante la pregunta de por qué no lo repartían entre las dos, su amiga le contestó que lo dejaba para los pobres. El problema residía en la manera en que alguien que lo necesitara pudiera acceder a esa comida. Si el restaurante lo descartaba, ¿cómo entonces se podría cumplir su buen propósito?  Mirando entonces mi propio comportamiento vi que en mi caso ¡de ningún modo me dejaría convencer de compartir mi postre!