domingo, 17 de julio de 2011

Tengo un vecino que se está haciendo daño, soy testigo involuntaria, pero no puedo hacer nada. Hace seis meses, en medio de la obra de desagote de mi baño, realizada por el famoso equipo de la administración (creo que ya lo cambiaron, era hora) y cuando habían dejado una abertura en la pared medianera con el departamento de al lado, se mudaba este hombre de unos cuarenta y pico, en apariencia. Vive solo y lo visitan en la semana y los sábados o domingos, dos hijas adolescentes. Cuando uno se cruza con él parece una persona normal, que se ve a diario en el ir y venir. Pero cuando la noche ya manda, él hace una serie de peripecias que lo llevan a encerrarse en una soledad malsana. La casualidad y el hecho de que la obra terminada con escaso material nos haya dejado el grosor de una hoja de papel en medio de nuestras moradas, hace que sus movimientos y los míos sean compartidos, en sus sonidos al menos. Creía que él llevaba la peor parte (mi baño y su living) pero me equivoqué. Intrigada por las madrugadas llenas de ruidos y gritos desafinados, me detuve a escuchar primero y a vigilarlo después. Sí, no me da vergüenza admitirlo, pongo la pantalla cuando veo que sale y entra después de las nueve de la noche, en repetidas sucesiones de viajes en ascensor y salidas a la calle. Y ahí descubro que compra bebidas en diferentes comercios, yendo y viniendo y luego va hacia la esquina buscando a los muchachos proveedores que abundan en la zona. Desconozco las sustancias que consume, pero el resultado son atroces arcadas, cantos destemplados y desplazamientos torpes y bulliciosos hasta altas horas de la madrugada. En realidad, cuando yo me duermo no me molestan, pero es muy inquietante saber la causa de todo eso y no poder ayudarlo. Quizás él no quiera que lo ayuden, habrá decidido que su vida vaya por esos carriles y a quién le importa si no se mete con nadie más que consigo mismo. Me apena que tenga que vivir esa doble vida y no poder balancearla con alguna compañía femenina o masculina que lo complemente y no necesite autodestruirse. Para descargar mi imposibilidad, escribo esto.

8 comentarios:

  1. uY Ma Cris, que garrón tener que ser espía involuntario de alguien por causa de una pared trucha. Vas a tener que comer mucha coliflor y aprovechando tu baño lindero devolverle los ruidos, aunque de otro tipo, quien sabe reaccione :)
    Besooo

    Estercita

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  2. No creo que le importe mucho, Estercita, son cosas de la vida, un besito y gracias por pasar a leerme.

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  3. qué pena Cris, porq siento que esto no es ficción. Pobre hombre

    te dejo besos

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  4. Es pura y triste realidad, Laurita, besitos

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  5. mami, a veces el amor no es la solucion de nada, ni es una capacidad que todos tienen ni un camino que todos elijan....las botellas no le dicen borracho ni le gritan adicto!!! y le piden poca plata...!!! tal vez son la mejor relacion para el del mundo...pareciera qeu ahblo desde el humor negro pero vos sabes que no es asi
    beso y mejor mira algun señor buen mozo por la camara!!
    bes

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  6. Muy bien mami, voy a seguir tu consejo!!!! Si veo algo bueno le chiflo, ja ja ja, besitos

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  7. Cada persona es un mundo, dificil subirse a un transbordador que lo meta a uno en esos otros planetas. Comprender es dificil, pero importante.
    Me gusto como describiste la preocupacion que vive una persona por un vecino, mas allá de los afectos.
    Saludos.

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  8. Gracias nuevo amigo del blog, un saludo para vos también.

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