Hace pocos días le decía a una amiga que no tratáramos en el blog temas
tan sensibles como los que estamos viviendo en nuestro país, Argentina, que los
trapitos sucios los laváramos en casa, ambas acordamos borrar un comentario muy
desbordado y apasionado que ella había incluído en uno de mis posts. La idea me
siguió dando vueltas en la cabeza, y por eso decidí manifestar la profunda
tristeza que me causa todo lo que nos está sucediendo y que ha trascendido las
fronteras dejándonos en evidencia ante el mundo. Así como en su momento hablé
del tema de Francia y del Papa Francisco, quisiera compartir con quienes me
leen mi sentimiento de desazón y vergüenza. Hace años que estamos descendiendo
en la escala de valores en todos los órdenes, educación, corrupción,
desigualdad social, a pesar de que se haga propaganda en sentido contrario. No
solo no se resuelven estas situaciones, sino que tampoco la justicia está funcionando
en el sentido de encontrar culpables por delitos de todo orden, muertes
políticas y de civiles comunes. Las investigaciones se sumergen en un lodazal
donde se hunden las pruebas y evidencias sin que luego queden rastros para
seguir.
Como una gran confabulación para que todo quede impune. El
último gran crimen del fiscal Nisman es la gota que rebalsa el vaso. Por eso el
título de esta nota, por favor guarden silencio desde el gobierno, no hablen
más hasta que el último día de su mandato llegue a su fin. Los argentinos
estamos cansados.