Se huele el cansancio en la gente
Se cansan de esperar a que algo cambie
Solo viendo lo mismo como resultado
Les gana el desaliento
Quedan suspendidos en el tiempo
Una esperanza sería deseable
Ojalá pronto lleguen
Aromas de Esperanza
Se huele el cansancio en la gente
Se cansan de esperar a que algo cambie
Solo viendo lo mismo como resultado
Les gana el desaliento
Quedan suspendidos en el tiempo
Una esperanza sería deseable
Ojalá pronto lleguen
Aromas de Esperanza
Mi hija quería ser una profesional destacada. No quería ser esposa y
madre. Mi hija quería ser una mujer independiente, no quería ser mantenida por
un hombre. Mi hija quería viajar, no quedar estancada en un lugar. Mi hija quería
una vida rica en experiencias, no quería una vida chata. Un día conoció a un
hombre. Sus planes cambiaron para siempre. Ya no fue independiente, ya no
viajó, sí tuvo experiencias, un hogar, una hija, una vida rica en amor y
cuidado. Qué ser o no ser no fue su libre albedrío, fue su destino.
Su talento era inigualable. Los juicios ganados, innumerables. Fueran
culpables o inocentes, sus defendidos contaban con un triunfo asegurado, su
declaración de inocencia. Él se mostraba imperturbable, no agradecía los
elogios, se apartaba inmediatamente de todo lugar público que le diera
notoriedad. Su familia era su refugio, cada retorno al hogar, luego de grandes
batallas que lo declaraban exitoso, resultaba un bálsamo imprescindible para su
vida. Una noche se encontraba trabajando en su escritorio, la esposa notó que
un extraño vapor salía por debajo de la puerta, seguido de un olor penetrante
semejante al azufre. Intrigada, golpeó, y al no tener respuesta, abrió, no
encontró a nadie en el interior.
El presentador anunció la presencia del importante invitado del día. El
hombre ingresó a la sala con aire adusto y sin emitir palabra se paró frente al
atril. Alguien del auditorio levantó su mano, saludó y preguntó. La respuesta fue
escrita por el personaje en la gran pantalla pizarrón que se había deslizado
desde lo alto un rato antes. Otra pregunta, otra respuesta escrita. La sala
estaba expectante. Llamaba la atención el extraño proceder, pero nadie se animó
a indagar en ese misterio. Se trataba del muy famoso Profeta Silencioso.
El joven humorista promocionaba su nuevo espectáculo en una entrevista
televisiva. “Estoy muy contento con este nuevo stand up, les garantizo que se
van a morir de risa”. El día del debut se mostraba exultante, la sala llena le
auguraba una noche espectacular. Comenzó con gran entusiasmo y el público
respondía a grandes carcajadas, no paraban de reir. Al finalizar la función, y
a la espera de estruendosos aplausos, un silencio total en la sala lo
sorprendió. Miró la platea, el público, inmóvil en las butacas, le anunciaba
que efectivamente habían muerto de la risa.
Hoy
sería la esposa del diplomático uruguayo Enrique José Vidal Gutiérrez si él me
hubiera amado. Pero no fue así. En cambio, viajé a África en una misión
sanitaria y aquí vivo desde hace varios años. No puedo decir que soy infeliz
con mi destino. Contraje matrimonio con un jefe tribal, con quien en un
principio manteníamos acaloradas discusiones y que pasado el tiempo se
convirtieron en acalorados encuentros. Tuvimos varios hijos, algunos con su
piel oscura y mis ojos azules. Ahora ya son hombres y tiene sus propias
familias. Cada atardecer bailamos al son de los tamboriles y rendimos homenaje
a nuestro dios y benefactor, Unkulunkulu. No extraño nada de mi vida anterior,
es como si hubiera estado predestinada a participar de ritos y ceremonias, y
que gracias a mi posición de esposa de un cacique, el trato es preferencial y
respetuoso. Lo mismo que si hubiera sido la mujer del tonto diplomático que me
perdió.
Se conocieron en las playas de Uruguay, él se deslumbró ante esa hermosa mujer debajo de la capelina blanca. Ella vio a un joven buen mozo con sonrisa gardeliana acercarse a su sombrilla y suspiró. El grupo de amigos que lo acompañaban se retiraron discretamente para dejarlos charlar. Los días siguientes fueron de encuentros románticos, la atracción había hecho efecto. Se prometieron escribirse. Él volvió ilusionado y totalmente enamorado. Pero ¿cómo escribir cartas de amor? Pidió ayuda a su mejor amigo y al estilo Cyrano de Bergerac comenzó la correspondencia. Las cartas se multiplicaron y apuraron a tomar la decisión, casarse cuanto antes. Ella llegó con todo el ajuar que su familia le había preparado, pero no encontró al autor de las cartas, solo al atractivo muchacho que la había deslumbrado. Los sentimientos más profundos, cultivados en la correspondencia, no pertenecían al mismo hombre. Cuando descubrió el engaño lloró amargamente, pero ya los preparativos para la boda estaban muy avanzados. ¿Qué hacer? Las cartas quedaron guardadas junto con su corazón quebrado. Fue al altar al encuentro de alguien a quien iba a comenzar a conocer. Los resultados fueron la consecuencia de un proceder engañoso. Esta es una historia real, los protagonistas, mi mamá y mi papá.