martes, 20 de diciembre de 2011

                                   LA FAMILIA INGLANS


                   Sus padres se habían levantado con el alba, ella sabía que la irían a buscar para cuidar a un chico especial. Se la sacaron de encima de un momento para el otro. Al verla con su ropa de todos los días, su madre la recriminó, ponete el vestido de los domingos, le dijo. Claro, como si fuera lo mismo que ir a misa. Ya verían ellos de lo que era capaz. La pareja que golpeó a la puerta estaba vestida totalmente de negro, sintió un escalofrío. No había querido desayunar, hubiera vomitado todo al instante. Casi la empujaron hasta la salida, su padre ni siquiera levantó la cabeza.  Última esperanza desvanecida, él no la defendería. Caminaron en silencio a través del campo, se preguntó si la llevarían a pie, pero había un sulky esperando a un costado del camino principal. Nadie pronunció una palabra, era como un acuerdo tácito que no necesitaba explicaciones. Al llegar, le dieron la mano para descender. Cuando quisieron tomar sus pertenencias, se aferró con fuerza a la pequeña bolsa de tela. La casa no era modesta, pero estaba tan abandonada que lo parecía. Clara, le dijo la mujer con voz grave, ahora vas a conocer a mi hijo, él tiene problemas de conducta, confiamos en que vos puedas ayudarnos. Ella miró la escalera de madera vieja y deslucida y bajando la cabeza, comenzó a subir con esfuerzo los escalones. Se dio vuelta para ver si la seguían, pero ellos señalaron una puerta a la derecha. Golpeó levemente y desde adentro escuchó un gruñido. Giró el picaporte y se encontró ante un muchacho pequeño y morrudo, con el pelo colorado y la cara llena de pecas. Extendió su mano para saludarlo pero él rió groseramente. Así que vos sos la niñera? Querés saber qué les pasó a las otras?  Ella se lo quedó mirando tranquila, negó con un gesto y salió despacio al rellano. Desde ahí vio a los padres del chico, que expectantes la interrogaban  con la mirada. Se paró muy seria delante de ellos y dijo: No va a haber problemas. Suspiraron aliviados y la llevaron a la cocina. Al lado había un cuartucho austero, le indicaron que ese sería su lugar de descanso. Ella pidió permiso para hacerlo en ese momento, la noche anterior no había conciliado el sueño. Con la esperanza de tener buenos resultados accedieron, cerrando la puerta al salir. Abrió la bolsa de tela sobre la cama, encontró el cuchillo que había guardado entre sus ropas, volvió a esconderlo, y se recostó, mientras sus ojos se cerraban y su boca se extendía en una plácida sonrisa.

viernes, 16 de diciembre de 2011

SUSTO!

Hace dos días pensé que ya no podía ingresar a mi
blog con nuevas entradas ni recibir las novedades de los blogueros amigos, error!!! Sólo era un nuevo diseño, como verán acá estoy, vivita y coleando todavía, para seguir visitando gente con talento y decir alguna que otra cosa de vez en cuando, un abrazo para todos y gracias por la paciencia!

jueves, 8 de diciembre de 2011

                                 LA VOZ DEL ALMA


         
              Ella no se acuerda ya de mí, está tan alejada. Ignora mi permanencia constante, desde cuando aún sumergidas en el cálido líquido, nos preparábamos para este nuevo mundo.


              Cuando era niña pregunté, madre de grande, yo que seré, seré dichosa, seré feliz…


               Yo le hablo, a veces susurrando, otras a los gritos, pero es inútil, se sumerge en un mar de problemas y no me percibe. ¿Cómo explicarle que aun conservo ese bagaje de sueños que nos habitaron desde siempre? Si pudiera escucharme, le diría que no desespere, que todavía es tiempo de realizarlos.


                 Qué será, será, será lo que deba ser, la vida te lo dirá, qué será, será.


                 La vejez se aproxima galopando, ella se ha entregado, sin pestañear.

sábado, 3 de diciembre de 2011

ASPIRAR A JUAN CARLOS



                       Yo tenía ocho, él nueve. Olía a jabón Palmolive, su piel blanca sonrosada y su pelo rubio con rulos eran mi debilidad. Me sentaba cerquita para aspirar su aroma a recién lavado.

                        Sus ojos celestes transparentes rara vez se fijaban en mi costado, pero cuando lo hacían, me achicaba en el asiento de la vergüenza. Quería hacerme invisible, mi única aspiración era aspirarlo. Hacíamos las cuentas codo con codo pero sin tocarnos, un hilo invisible era el espacio entre los dos.

                         Por más que me esfuerzo, no recuerdo a los demás compañeros y compañeras en esas clases particulares de media tarde, tres veces a la semana. Mi mundo era Juan Carlos y su aroma. Supongo que los demás se darían cuenta de mi estado emocional, pero nunca me lo hicieron notar. Y yo vivía para esos encuentros, interminable espera durante el fin de semana hasta el lunes. Ah, los lunes… Yo volvía a nacer, me preocupaba que no me viera desarreglada, con los zapatos sucios, o alguna arruga en la pollera.

                         Nunca cruzamos una sola palabra, no sé si él habrá reparado en mí alguna vez, pero fue mi novio por dos años.
Completamente enamorada.

lunes, 14 de noviembre de 2011

                         LLOVIÓ SOBRE MI CAMA


                     
                  Sí, aunque no lo crean, un día de la semana pasada llegué y encontré mi cama empapada, miré la ventana, (había llovido ese día) cerrada completamente. Miré el techo, no vi nada extraño, solo la rajadura eterna por el movimiento del edificio. Así nos lo dijeron los que saben. Mi cabeza daba mil vueltas buscando una explicación. Fui al piso superior, toqué el timbre, tardaron en abrirme, son inquilinos que se instalaron hace pocos meses. Lo supe enseguida porque el perrito hizo pis en su balcón y cayó sobre el mío. Por el momento, asunto superado. El muchacho me miró curioso, le pregunto, tuvieron alguna pérdida de agua en el baño? Se queda mirando hacia un costado y me responde, está algo tapado, ya avisamos. Ah, entonces ese fue el problema, cayó agua sobre mi cama. Abre más los ojos, no me diga, sí le digo, y ahora? Llamo a la administración, le contesto. Dejé mensaje, ese día y al día siguiente. No tuve respuesta, raro, pensé. El sábado pagué las expensas y pregunté al administrador qué sabía sobre el tema. Nada, nadie se quejó de pérdidas, ni mi vecino le había avisado. El encargado, ahí presente, aclara, parece que no estaba tapado el baño, sólo bajaba de a poco el agua. Ah… retoma el administrador, fue en el lugar por donde pasa la luz? Sí, al lado. Ah… Y volvió a caer agua? No, hasta ahora, no. Me quedo esperando algún otro comentario. Siguió escribiendo los recibos. Lo miré, aunque no me miraba, (está muy flaco, y serio, siempre es muy atento) y le dije. Yo lo voy a tener al tanto, por las dudas, dejo la cama contra la pared unos días. Asintió y nada más. Tendré que recurrir a una vidente?



viernes, 11 de noviembre de 2011

DEDICADO AL GAUCHO SANTILLÁN

Este amigo reciente y talentoso está pasando un mal momento, la pérdida lo acongoja,
la incomprensión lo acorrala, pero acá estamos sus compañeros virtuales para brindarle
nuestra mano, nuestra palabra, respetamos su decisión de dejar de escribir por un tiempo.
Pero sabemos que cuando todo se calme volverá con nuevos bríos, y desgajará sus
dolores y pondrá en palabras todo lo que lo habita. Y será también un consuelo para los
días que vendrán. Un abrazo grande Gaucho, cuando abras los blogs de tus amigos
verás que todos están a tu lado.

jueves, 3 de noviembre de 2011

YA NO ESTOY AQUÍ

                    Nadie me cree, desde hace más de una semana abandoné este mundo y en mi familia parecen no darse por enterados. Miran hacia mi cama y hablan entre ellos en voz baja, luego me sonríen con ánimos. Actúan como siempre, me sirven la comida, se dirigen a mí con afecto y consideración, me preguntan cómo me siento. ¿Qué cómo me siento? ¡Me siento ausente! ¿No ven que estoy acá arriba dando vueltas y vueltas?


                    Ya en la mañana temprano empieza el desfile, yo les grito, ¡Ey, acá estoy! Ellos como si nada, hablan con la cama, cambian las sábanas, llevan la silla de ruedas hasta el baño, luego la traen de vuelta, sonriendo, siempre sonriendo. ¡Qué caras de estúpidos tienen! Nunca vi gente tan cabezadura. Me da pena por los chicos, ellos me traen caramelos, se sientan y me cuentan lo que hicieron durante el día, si se pelearon en la escuela. Eso es lo que más voy a extrañar. Las charlas con mis nietos, son tan chiquitos e inocentes. Pensar que un día van a ser tan tontos como sus padres y tíos, que no se dan cuenta de que el viejo se fue.