Miro el entorno donde
me senté a escribir y me reconozco, no en este tiempo, sino cuando recién lo
habitaba, muchos años atrás. En ese entonces la cocina era mi favorita y ahí pasaba
gran parte del día. Hoy todo cambió, cada rincón tiene su encanto, voy paseando
mi osamenta por todos los ambientes, plena dueña de mi casa y cuido los
detalles de cada lugar.
Cuidar los detalles,
para mí, no significa sacar lustre. Eso se lo dejo a los vanidosos. Encontré la
razón perfecta para no exigirme la excelencia, la vanidad y el brillo van de la
mano y no tengo nada que ver con ninguno de los dos. El polvo que pueda acumular
la biblioteca pertenece a un orden al que soy ajena. Y digo, el polvo forma
parte de la naturaleza y la naturaleza me fascina. Recorrer lugares, encontrar
un árbol enmarcado en un fondo de agua de río. O caminar por la orilla del mar,
temprano en la mañana, con el horizonte brillante de sol.
Digamos que lo que más
me cuesta es cuidar los detalles en las relaciones con las personas, sobre todo
porque también depende del humor de cada uno, pero con buena voluntad y
tolerancia se puede lograr, cuidando los detalles.