El atardecer va muriendo a través de mi ventana
La noche avanza sin defensas
Impacientes
las hojas blancas esperan
ningún trazo las perturba.
Los árboles van cambiando de color
anunciando la llegada del otoño.
Las sierras y el río cercano me dieron la bienvenida
Pronto verán mi figura inclinada
a lo largo de la costa cada mañana
mis pasos crujiendo leves y rápidos
sobre las hojas parduscas.
Las nubes amenazan tormenta.
El olor a tierra húmeda inunda la casa.
Un vendaval de agua y viento
golpea con furia los cristales.
Envuelta en la oscuridad
busco lámparas y un abrigo.
Afuera el paisaje lucha por sobrevivir
Cuando todo se calme
cumpliré mi promesa del largo paseo matinal
Anticipo esa nostalgia
de la alfombra dorada bajo mis pies.
Más tarde, las hojas que esperan
desbordarán de palabras
atolondradas
incontenibles
rebasarán el papel
¿Fue la lluvia que salpicó mi cara
o son lágrimas las que corren saladas hacia mi boca?