martes, 10 de mayo de 2011
Ayer, Solcito me hizo señas de que me sentara en el piso, como siempre lo hace para que juguemos a los apilables o a los ladrillitos. Me deslicé desde el sillón donde me había derrumbado y hacia el cual ella me miraba con curiosidad. Entonces, en lugar de traer los juegos, se puso a mis espaldas y aparecía de un lado a otro, sonriéndome con picardía. Me di cuenta entonces de que ella me estaba cuidando a mí, no yo a ella. Y tiene solo dieciseis meses.
sábado, 7 de mayo de 2011
LO QUE IMPORTA ES QUERER
La clase de gimnasia empieza cuando ella se levanta de la cama, cada mañana. Enciende el televisor, y parada o sentada, de acuerdo a la posición indicada en la pantalla, se dedica a estirar sus músculos adormecidos. La tarea del baño y el desayuno las realiza sin pensar demasiado, mirando distraída por la ventana, encendiendo la hornalla, guardando la vajilla o peinando su cabello ensortijado y rebelde.
Prefiere caminar las veinte cuadras que la separan de la oficina, antes que tomar colectivos atestados y malolientes. Los días de lluvia son más engorrosos, pero no cambian su rutina. Usa botas de goma y luego las cambia por los zapatos, que lleva resguardados en dos bolsas de polietileno. Sus compañeros le hacen bromas al verla llegar con el paraguas chorreando. No le importa, sonríe y sigue con lo suyo. Mira con curiosidad a las parejas que desfilan delante del mostrador, comprando algún regalo o eligiendo cosas para su propio ajuar.
Al terminar la jornada, apura el paso hasta su departamento. Luego de una ducha, come algo ligero, abre la puerta izquierda del placard y comienza los preparativos para la parte más importante de su día.
El bar, en penumbras, con apenas unos pocos concurrentes envueltos en humo y alcohol, muestra, sentada ante la barra, a una mujer impactante. Nadie reconocería en ella a la empleada metódica e indiferente que dos horas antes cumpliera con su trabajo diario. Bebe y sonríe al hombre de turno, que la querrá por esa sola noche.
domingo, 1 de mayo de 2011
VISITA INESPERADA
Subí la persiana unos centímetros para descubrir el amanecer. Sobre el alféizar había dos globos, uno verde, el otro desapareció antes de que pudiera ver su color. Un hombre descendía por el enrejado que cubre la ventana hasta la mitad. Quise continuar subiendo la cortina enrollable, no pude, quedó atascada. En el pequeño rectángulo aparecieron dos ojos, observándome. Dos enormes y hermosos ojos claros, transparentes como el agua. No había nada más alrededor, ni arriba, ni abajo, sólo esos ojos inmensos que me daban una gran paz. Lo sentí en todo mi ser, como si un mar me cubriera y yo flotara suavemente hacia no sé qué lugar. Le pregunté su nombre, escuché: “Kal-el”, pero fue sin palabras, sólo con su mirada en la mía.
Ahora le estoy escribiendo al autor del comic para preguntarle cómo demonios llegó Superman hasta mi ventana.
sábado, 30 de abril de 2011
LOS PATINES (reedición)
Cuando me los puse no quería soltar la mano de mi mamá, iba y venía tirándola de un lado a otro.
Uy, qué lindo, es como volar bajito, ahora abro los brazos, vuelo, vuelo, ¡cuidado acá va la mujer maravilla, salvaré al mundo!… zás, qué susto, pobre colita, cómo duele, ¡mamaaá!
La próxima vez no le digo nada, sino me los hace sacar como hace un rato y me quedo sin jugar. Me la voy a aguantar solita, total duele un rato y después pasa. Mañana salgo a la vereda y les muestro a las mellizas cómo ando sobre rueditas. Se van a morir de envidia, son unas pavotas insulsas con esos moñitos en la cabeza parecen muñecas de plástico. La madre las tiene cagando, si corren les grita, ¡paren que se van a ensuciar!
Y las muy estúpidas le hacen caso, en lugar de irse corriendo y después aguantarse la paliza, porque les pega de lo lindo, yo escucho desde mi pieza cuando se arma la gorda. Pobrecitas, son tan debiluchas que si las tocás se caen. Y lo miran con esos ojos de huevo duro a Juan Ignacio cuando pasa con la bici y hace ring, ¡chau chicas! Como si él se fuera a fijar en ellas. Yo lo veo mirarme de reojo, se hace el indiferente, pero bien que le gusto. La otra tarde se puso todo colorado cuando casi chocamos en la esquina. Pero lo que no sabe es que lo hice a propósito, me asomé y lo vi que venía, entonces me quedé quietita y cuando escuché los pasos me apuré y di la vuelta. Ja ja ja, ¡la cara que puso! Le queda lindo el pelo más largo…
- Betinaaaaa! ¡Bajá de la nube y vení a ayudarme, mirá que no te compro los patines, eh!
jueves, 21 de abril de 2011
LO INESPERADO
Primero de mayo, día festivo y desierto para las salidas a lugares públicos, todos descansan, ellos también. En la hora de la siesta hilvanan la charla y rememoran otros días como ese en otras épocas, tantos años juntos, tantas anécdotas compartidas…
Ella se ofrece a preparar un mate, que sea con tortas fritas, negra, dice él. Claro, la lluvia, miró hacia fuera, el cielo encapotado, la llovizna persistente…
Con la rapidez de la experiencia en la elaboración de su especialidad, en media hora ya están degustándolas, junto con el mate. Qué buenas, vieja, no perdés la mano, ella sonríe, cuántos otros días como ese…
Los chicos ya tienen su vida, ahora les toca a ellos, planea mentalmente los viajes que le propondrá, recorrer el país, los lugares que nunca visitaron…
Ah, vieja, quería hablar con vos de un tema. Ella se ilusiona, se me adelantó…
Mirá, hace ya un tiempo mantengo una relación con alguien, y me parece que tiene futuro, como ahora estamos grandes, los chicos no se van a perjudicar si nos separamos, ¿qué te parece?
…
domingo, 17 de abril de 2011
Mi papá tenía varios primos y primas, entre ellos recuerdo a la tía Antonita, porque llegaba siempre acompañada de ruiditos en su panza. Era muy bajita y rechoncha, y continuamente se tomaba el vientre con sus manos disculpándose por la inoportuna interrupción en las conversaciones. Por supuesto los más chicos no disimulábamos las risas, ante la mirada ceñuda de los grandes a nuestro alrededor. Murió joven, quizás se cansó de disculparse. Otra prima, a la que nombrábamos así, la prima María, era muy expansiva, hablaba con grandes ademanes y en voz muy alta. En una ocasión y a raíz de una intervención quirúrgica, tuvo que guardar reposo durante un tiempo y allá íbamos con mi mamá los fines de semana para ayudarla, alternando con otras integrantes de la familia. Entre almohadones, dirigía las tareas de limpieza, cocina, lavado y planchado. Las cuerdas vocales no se habían visto afectadas por la operación. Francisquito, otro primo, era alto y algo jorobadito. Tenía una nariz larga y puntiaguda, con mi hermano le decíamos Pinocho, y una voz aflautada. Con estas cualidades, se había casado con una chica muy bonita, Inesita, de modales suaves, algo nerviosa y con un leve estrabismo que le iba bien con su estilo. Francisquito había instalado una imprenta en la parte delantera de su casa y ahí pasaba la mayor parte del tiempo. El primo Roberto, no confundir con el tío de Pedro Goyena, era plomero. Trabajaba en una empresa y hacía reparaciones a domicilio. Tenía fama de ser muy bueno y de tener una mujer muy mala que no lo dejaba vivir tranquilo. Circulaban rumores de separación que no se concretaron. O bien Roberto la consiguió domar a la brava, o bien ella lo domó a él. Había otro Roberto, el papá de Beba y Juan Carlos, este último el que llevara a los cabarets al primo diferente. Eran los más blanquitos y rubios de la familia y tenían un semblante algo bovino de origen desconocido. Huían del sol como vampiros, su piel era muy sensible. Beba siempre estaba contando cómo se había pelado por estar apenas unos minutos al sol. Era muy tranquila y reservada y pudo casarse con quien fuera su único amor, luego de que él enviudara, convirtiéndola en mamá de un varón de la anterior esposa. En una charla entre ella y mi tía Rosa, la hermana de mi papá, le manifestó la sospecha de que él se había casado para que le cuidara al hijo. Parecía muy desilusionada y mi pensamiento de ese momento fue, pobre, tanto esperarlo, para qué. Con los años tuvo un hijo propio. Nunca supe si pudo cambiar de idea.
miércoles, 13 de abril de 2011
Los domingos en que lo invitaba a comer al mediodía, él llegaba con su infaltable paquetito, costumbre tana que siempre copié. Nos sentábamos y de inmediato mis hijos, mi marido y yo la emprendíamos fervorosamente con la pasta del día. El, en cambio, se tomaba su tiempo, partía trocitos de pan, comía muy despacio y saboreando la comida. Cuando nosotros ya estábamos por dejar el plato vacío, nos insistía para que no lo esperáramos, que siguiéramos adelante con el menú. Esa manera de ser, esa humildad de proceder, me emociona cada vez que lo recuerdo. Nunca quería molestar, si lo estábamos llevando de regreso a su casa luego de una salida familiar, se quería bajar en cualquier esquina donde un colectivo lo acercara. Su única debilidad eran las chicas, de cualquier edad y color. Los ojitos le brillaban si alguna andaba cerca y no sabemos cómo conquistaba de vez en cuando a alguna candidata que luego lo acompañaba por un tiempo en su diario vivir. Era un tímido Don Juan, pero Don Juan al fin. Y a veces constituía un problema, porque no toda la familia coincidía con sus gustos a la hora de elegir. Una sola vez me negué a que nos visitara con su ocasional compañía porque se trataba de la comunión de uno de mis hijos. Quizás el fervor religioso se me había contagiado, pero luego lamenté haberlo hecho, él fue más cabezadura que yo y no concurrió. En lo sucesivo acepté su manera de ser con la comprensión que dan los años. Viéndolo ahora con la lejanía de su ausencia y la de mi mamá, creo que él logró ser más feliz a pesar del dolor que tuvo que atravesar. Porque vivió como quiso y eso no tiene precio. En cambio mi mamá luchó siempre por algo más pero no se hacía el tiempo para disfrutarlo y a la larga eso la desgastó. Es curioso el valor que las personas dan a los logros. A la luz de los acontecimientos mi mamá parecía una triunfadora, pero el que realmente supo valorar la vida fue él. Aunque tuvo que sobrellevar una enfermedad, lo hizo de una manera muy digna y cuando ya no estuvo dejó una huella imborrable en la memoria de quienes lo conocieron. Por distintos motivos mi mamá también lo consiguió, con la diferencia que ella no alcanzó su propia felicidad.
Tengo un portarretrato de los dos en la casa de fotos el día de su casamiento. Ahí van a estar juntos siempre aunque la vida los haya separado todavía jóvenes. Porque pienso que las parejas quedan unidas por un hilo invisible a pesar de las diferencias, cuando el destino los hizo elegirse alguna vez.
Tengo un portarretrato de los dos en la casa de fotos el día de su casamiento. Ahí van a estar juntos siempre aunque la vida los haya separado todavía jóvenes. Porque pienso que las parejas quedan unidas por un hilo invisible a pesar de las diferencias, cuando el destino los hizo elegirse alguna vez.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)